{"id":13780,"date":"2026-03-25T06:50:58","date_gmt":"2026-03-25T06:50:58","guid":{"rendered":"https:\/\/news5.chainityai.com\/?p=13780"},"modified":"2026-03-25T06:50:59","modified_gmt":"2026-03-25T06:50:59","slug":"no-toques-mi-piano-pobre-el-director-lo-humillo-frente-a-todos-pero-cuando-el-hijo-de-la-limpiadora-cerro-los-ojos-el-mundo-entero-guardo-silencio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/news5.chainityai.com\/?p=13780","title":{"rendered":"\u201c\u00a1NO TOQUES MI PIANO, POBRE!\u201d \u2014 El director lo humill\u00f3 frente a todos, pero cuando el hijo de la limpiadora cerr\u00f3 los ojos, el mundo entero guard\u00f3 silencio."},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/news5.chainityai.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/image-494.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-13781\" srcset=\"https:\/\/news5.chainityai.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/image-494.png 1024w, https:\/\/news5.chainityai.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/image-494-300x300.png 300w, https:\/\/news5.chainityai.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/image-494-150x150.png 150w, https:\/\/news5.chainityai.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/image-494-768x768.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gran teatro de la ciudad respiraba un lujo abrumador aquella noche. Las majestuosas ara\u00f1as de cristal colgaban del techo como constelaciones atrapadas, derramando una luz dorada que hac\u00eda brillar los suelos de m\u00e1rmol reci\u00e9n pulidos. Era la velada m\u00e1s importante del a\u00f1o, la gala de aniversario del conservatorio, un evento reservado exclusivamente para la \u00e9lite. Hombres envueltos en trajes de etiqueta impecables y mujeres con vestidos de seda que susurraban al caminar desfilaban por los pasillos, sumergidos en conversaciones sobre arte, prestigio y poder. Todo en aquel lugar estaba dise\u00f1ado para intimidar, para dejar claro qui\u00e9n pertenec\u00eda a ese mundo de privilegios y qui\u00e9n no.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el centro de todo aquel esplendor, rigiendo el evento con la altivez de un monarca absoluto, se encontraba el director del conservatorio. Era un hombre severo, de mirada fr\u00eda, bigote perfectamente recortado y un ego que llenaba la sala antes de que \u00e9l mismo entrara en ella. Para \u00e9l, la m\u00fasica no era un refugio para el alma, sino una herramienta de poder, un reino exclusivo en el que \u00e9l dictaba qui\u00e9n merec\u00eda la luz de los reflectores y qui\u00e9n deb\u00eda ser desterrado a la oscuridad. Cada detalle de la noche hab\u00eda sido orquestado por \u00e9l para glorificar su propio legado, asegur\u00e1ndose de que solo los pianistas m\u00e1s refinados y de cuna noble pisaran su sagrado escenario.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, en las sombras de aquel para\u00edso de arrogancia, exist\u00eda un mundo completamente distinto. Entre los pasillos oscuros y las columnas de m\u00e1rmol, se mov\u00eda en silencio la se\u00f1ora Ram\u00edrez. Llevaba a\u00f1os siendo la mujer de limpieza del teatro. Sus manos, \u00e1speras y marcadas por el trabajo duro, conoc\u00edan cada grieta de aquel edificio mejor que cualquier m\u00fasico. Ella era invisible para los invitados; nadie le dirig\u00eda la palabra, nadie notaba su cansancio, al fin y al cabo, para ellos solo era parte del mobiliario. Pero aquella noche, la se\u00f1ora Ram\u00edrez no estaba sola. Escondido casi detr\u00e1s de su gastado delantal, aferr\u00e1ndose a su falda con manitas temblorosas, caminaba su hijo Samuel.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Samuel era un ni\u00f1o de apenas ocho a\u00f1os, de complexi\u00f3n delgada, ropa humilde y zapatos gastados que desentonaban cruelmente con la opulencia del lugar. Pero lo que a Samuel le faltaba en ropajes lujosos, le sobraba en la profundidad de su mirada. Ten\u00eda unos ojos grandes, oscuros y curiosos que parec\u00edan absorber cada detalle del mundo. Desde que era un beb\u00e9, hab\u00eda crecido entre cubetas de agua con jab\u00f3n, escobas y trapos, pero tambi\u00e9n hab\u00eda crecido arrullado por los ensayos de las mejores orquestas del pa\u00eds. Mientras su madre pul\u00eda los suelos, \u00e9l se sentaba a escondidas en las \u00faltimas butacas, escuchando c\u00f3mo se afinaban los instrumentos, sintiendo c\u00f3mo las vibraciones de las cuerdas se colaban por sus pies descalzos y le lat\u00edan en el pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cSamuel, no te alejes de m\u00ed\u201d, le susurraba su madre constantemente, apretando su manita. Ella conoc\u00eda la crueldad de ese mundo y su \u00fanico instinto era protegerlo. Pero la mente de Samuel ya no estaba en los pasillos h\u00famedos. Sus ojos se hab\u00edan clavado en el escenario, donde, bajo un foco de luz blanca y pura, descansaba un imponente piano de cola. Con la tapa abierta, mostrando su interior dorado, el instrumento parec\u00eda llamarlo. Para el ni\u00f1o, no era un objeto de madera y cuerdas; era un ser vivo que aguardaba pacientemente a que alguien le diera voz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gala comenz\u00f3. Uno a uno, los prodigios de las familias m\u00e1s adineradas subieron al escenario, interpretando piezas cl\u00e1sicas con una t\u00e9cnica r\u00edgida y calculada. Recib\u00edan aplausos educados, sonrisas aprobatorias del director y volv\u00edan a sus asientos inflados de orgullo. Fue durante uno de los intermedios, cuando el murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas de champ\u00e1n ahogaron cualquier otro sonido, que Samuel sinti\u00f3 un impulso que no pudo frenar. Se solt\u00f3 suavemente de la mano de su madre. Sus peque\u00f1os pasos lo guiaron, casi como si estuviera en un trance, hacia las escaleras del escenario. Nadie not\u00f3 al ni\u00f1o de ropas ra\u00eddas hasta que ya estuvo arriba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Samuel se sent\u00f3 en la enorme banqueta de cuero, vi\u00e9ndose min\u00fasculo frente a la inmensidad del teclado. No sent\u00eda miedo, no sent\u00eda verg\u00fcenza. Solo sent\u00eda una urgencia profunda y visceral de tocar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue entonces cuando la realidad golpe\u00f3 con toda su crudeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014\u00a1No toques mi piano, pobre! \u2014rugi\u00f3 una voz que reson\u00f3 como un trueno en cada rinc\u00f3n del teatro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El director se hab\u00eda puesto de pie, con el rostro enrojecido por la ira, se\u00f1alando al ni\u00f1o con un dedo acusador. El silencio cay\u00f3 sobre la sala como una losa de plomo. La m\u00fasica se detuvo, las risas se ahogaron. Todos los ojos, llenos de desprecio, asombro y burla, se clavaron en el fr\u00e1gil cuerpo de Samuel. Su madre, horrorizada, dej\u00f3 caer sus herramientas de limpieza e intent\u00f3 correr hacia el escenario, sintiendo que el coraz\u00f3n se le part\u00eda al ver a su hijo a punto de ser humillado frente a la \u00e9lite de la ciudad. El director avanz\u00f3 a zancadas furiosas, dispuesto a arrancarlo de all\u00ed por la fuerza, gritando que aquel recinto sagrado no era lugar para el hijo de una sirvienta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el ni\u00f1o no se encogi\u00f3. En lugar de salir corriendo o echarse a llorar, Samuel tom\u00f3 una respiraci\u00f3n profunda y serena. Lentamente, ignorando el rostro iracundo del hombre que se abalanzaba sobre \u00e9l, cerr\u00f3 los ojos. Sus peque\u00f1as manos, curtidas por el fr\u00edo y la pobreza, se elevaron en el aire y se posaron sobre las teclas blancas y negras. En ese instante exacto, la sala entera contuvo la respiraci\u00f3n, sin saber que aquel ni\u00f1o arapiento estaba a punto de despertar un fantasma del pasado, de invocar un don tan abrumador que no solo silenciar\u00eda los gritos del director, sino que desatar\u00eda una tormenta que cambiar\u00eda la historia de la m\u00fasica para siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El primer acorde naci\u00f3 puro, cristalino, golpeando el silencio del teatro con la fuerza de una revelaci\u00f3n. No fue el torpe golpeteo de un aprendiz ni la melod\u00eda vacilante de un ni\u00f1o asustado. Fue un sonido profundo, maduro, cargado de un dolor y una belleza que ninguna persona en esa sala estaba preparada para recibir. Y luego, sus manos comenzaron a volar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Samuel, con los ojos cerrados, ajeno a los vestidos de seda, al odio del director y a los murmullos de la aristocracia, se fundi\u00f3 con el instrumento. Sus peque\u00f1os dedos se deslizaban por el teclado con una seguridad sobrenatural, creando un torrente de notas que se entrelazaban con una perfecci\u00f3n t\u00e9cnica y una pasi\u00f3n desbordante. No estaba tocando una partitura memorizada; estaba improvisando, volcando su alma entera, sus carencias, sus sue\u00f1os y su amor por su madre en cada pulsaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El director, que estaba a solo unos pasos de arrancarlo de la banqueta, se qued\u00f3 congelado en seco. Su rostro pas\u00f3 de la furia a una palidez enfermiza. Sus manos temblaban. Aquella m\u00fasica\u2026 \u00e9l la conoc\u00eda. No pod\u00eda ser. Los invitados, antes dispuestos a burlarse, quedaron petrificados en sus asientos. Algunas mujeres se llevaron las manos al pecho, con los ojos de pronto h\u00famedos por una emoci\u00f3n inexplicable. En la primera fila, Don Esteban Robledo, el cr\u00edtico musical m\u00e1s temido e implacable del pa\u00eds, se puso de pie lentamente. Su respiraci\u00f3n era agitada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Esa cadencia\u2026 esos giros \u2014murmur\u00f3 el anciano cr\u00edtico, con la voz quebrada por el asombro\u2014. Esa manera de cerrar las frases\u2026 Es imposible. Solo un hombre tocaba as\u00ed. Solo Alejandro M\u00e1rquez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El nombre de Alejandro M\u00e1rquez recorri\u00f3 la sala como una corriente el\u00e9ctrica. D\u00e9cadas atr\u00e1s, M\u00e1rquez hab\u00eda sido el pianista m\u00e1s grande de su generaci\u00f3n, un genio absoluto que hab\u00eda sido el maestro del mism\u00edsimo director, antes de desaparecer misteriosamente sin dejar rastro, sumi\u00e9ndose en el olvido y la leyenda. Y ahora, ese ni\u00f1o pobre, el hijo de la mujer que limpiaba los ba\u00f1os, estaba resucitando su alma en vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Samuel toc\u00f3 el acorde final, un estruendo que hizo vibrar los cimientos del teatro, el silencio que sigui\u00f3 fue absoluto, reverencial. Samuel abri\u00f3 los ojos lentamente, como si despertara de un hermoso sue\u00f1o, y mir\u00f3 a su alrededor con inocencia. Su madre, llorando a mares, corri\u00f3 al escenario y lo abraz\u00f3 contra su pecho.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En lugar de aceptar la grandeza del momento, el director sinti\u00f3 que su ego se desmoronaba. Lleno de una envidia enfermiza, intent\u00f3 retomar el control, gritando que era una farsa, que el ni\u00f1o solo imitaba torpemente melod\u00edas ajenas. Pero Don Esteban y el p\u00fablico lo acallaron. \u201cEse ni\u00f1o es un prodigio\u201d, sentenci\u00f3 el cr\u00edtico. La noticia corri\u00f3 como p\u00f3lvora. A la ma\u00f1ana siguiente, los peri\u00f3dicos del pa\u00eds hablaban del \u201cmilagro del ni\u00f1o de los ojos cerrados\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El director, consumido por el odio y viendo c\u00f3mo su prestigio se hund\u00eda mientras el del ni\u00f1o crec\u00eda, ide\u00f3 un plan macabro para destruirlo. Organiz\u00f3 un concurso p\u00fablico, obligando a Samuel a competir contra adultos profesionales, seguro de que la presi\u00f3n romper\u00eda al peque\u00f1o. Pero Samuel no solo no se rompi\u00f3, sino que deslumbr\u00f3 a\u00fan m\u00e1s, improvisando sobre las r\u00edgidas partituras de los expertos y dej\u00e1ndolos en rid\u00edculo. La ciudad entera adopt\u00f3 a Samuel como su h\u00e9roe, el ni\u00f1o de origen humilde que hab\u00eda vencido a los gigantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La fama de Samuel cruz\u00f3 fronteras. Semanas despu\u00e9s, una invitaci\u00f3n oficial lleg\u00f3 a las manos temblorosas de la se\u00f1ora Ram\u00edrez: el prestigioso Festival Internacional de M\u00fasica Cl\u00e1sica de Viena, la capital mundial del piano, solicitaba la presencia del ni\u00f1o. Era la oportunidad definitiva, el escenario m\u00e1s grande de la tierra. El pueblo entero los despidi\u00f3 con l\u00e1grimas y aplausos cuando madre e hijo subieron al tren rumbo a Europa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero el director no estaba dispuesto a perder. Consumido por la locura y el rencor, viaj\u00f3 en secreto a Viena. Movi\u00f3 hilos oscuros, pag\u00f3 sobornos y, la noche antes de la gran presentaci\u00f3n de Samuel, orden\u00f3 sabotear el majestuoso piano Steinway del teatro vien\u00e9s. \u201cCuando ese mocoso intente tocar y el piano falle frente a los cr\u00edticos del mundo, ser\u00e1 su fin\u201d, pens\u00f3 con una sonrisa perversa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche del festival en Viena era g\u00e9lida, pero el teatro ard\u00eda de expectaci\u00f3n. Cuando anunciaron el nombre de Samuel, el recinto entero, lleno de la realeza europea y los m\u00fasicos m\u00e1s exigentes del planeta, qued\u00f3 en un silencio sepulcral. Samuel, con un trajecito prestado que le quedaba un poco grande, camin\u00f3 hacia el imponente escenario. Se sent\u00f3. Mir\u00f3 a su madre, que rezaba entre bastidores. Cerr\u00f3 los ojos y dej\u00f3 caer sus manos sobre las teclas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera nota fluy\u00f3, luego la segunda\u2026 pero al llegar al registro medio, el sonido muri\u00f3. Varias teclas estaban completamente mudas. Alguien hab\u00eda roto los martillos internos. Un murmullo de decepci\u00f3n comenz\u00f3 a brotar del p\u00fablico. El director, oculto en un palco privado, sonri\u00f3 con malicia. Era el desastre perfecto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero Samuel no era un m\u00fasico ordinario; \u00e9l no le\u00eda partituras, \u00e9l sent\u00eda la m\u00fasica. Al notar las teclas muertas, no se detuvo, no llor\u00f3 ni pidi\u00f3 ayuda. En fracciones de segundo, su cerebro y su coraz\u00f3n hicieron algo que desafiaba toda l\u00f3gica humana. Sin abrir los ojos, comenz\u00f3 a recomponer la melod\u00eda en tiempo real, transponiendo los acordes, saltando las teclas rotas y creando variaciones completamente nuevas y deslumbrantes para compensar los vac\u00edos. Convirti\u00f3 el sabotaje en una obra maestra de improvisaci\u00f3n, tejiendo una melod\u00eda tan compleja, tan dolorosamente hermosa, que los cr\u00edticos se llevaron las manos a la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquello no era talento; era divinidad. Samuel convirti\u00f3 las cicatrices del piano roto en la interpretaci\u00f3n m\u00e1s gloriosa que Viena hab\u00eda presenciado en un siglo. Termin\u00f3 la pieza con una fuerza arrolladora, y el teatro entero, en un estallido que parec\u00eda hacer temblar los Alpes, se puso de pie. Lloraban, gritaban, aplaud\u00edan con una devoci\u00f3n casi religiosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En ese instante de euforia descontrolada, el maestro Franz Adler, el m\u00fasico m\u00e1s anciano y respetado de Austria, se acerc\u00f3 al escenario temblando. Mir\u00f3 a la se\u00f1ora Ram\u00edrez y luego a Samuel. \u2014Solo una persona en la historia ha podido convertir un error en tanta belleza \u2014dijo Adler con l\u00e1grimas en los ojos\u2014. Ese ni\u00f1o\u2026 lleva la sangre de Alejandro M\u00e1rquez.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La se\u00f1ora Ram\u00edrez, sabiendo que ya no pod\u00eda huir del pasado, asinti\u00f3 lentamente frente al mundo entero. S\u00ed, su padre hab\u00eda sido el legendario M\u00e1rquez, quien la hab\u00eda dejado tras caer en desgracia, y cuyo genio hab\u00eda renacido en las manos inocentes de su peque\u00f1o hijo. La revelaci\u00f3n fue un terremoto. El director del conservatorio, expuesto como un saboteador cobarde y un envidioso sin talento, fue abucheado, destituido y desterrado del mundo musical para siempre, tragado por su propia oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los meses que siguieron fueron un torbellino de ofertas millonarias, becas en los conservatorios m\u00e1s exclusivos de Europa y contratos para giras mundiales. Samuel era aclamado como el heredero definitivo, el salvador de la m\u00fasica cl\u00e1sica. La prensa lo segu\u00eda a todas partes, los reyes quer\u00edan conocerlo y el dinero que una vez les falt\u00f3 ahora sobraba para que su madre nunca m\u00e1s tuviera que sostener una escoba ni limpiar los desastres de la \u00e9lite.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, a pesar de tener el mundo entero rendido a sus pies descalzos, Samuel nunca cambi\u00f3. Su esp\u00edritu permaneci\u00f3 tan puro y cristalino como la primera nota que toc\u00f3 aquella noche en el conservatorio. Cuando le preguntaban cu\u00e1l era su mayor sue\u00f1o ahora que era una leyenda global, \u00e9l simplemente sonre\u00eda, miraba a su madre y respond\u00eda con su voz suave: \u201cYo solo quiero que la m\u00fasica me siga hablando\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\u00f1os despu\u00e9s, ya convertido en un joven virtuoso que llenaba los teatros m\u00e1s colosales del mundo, Samuel tom\u00f3 una decisi\u00f3n que conmovi\u00f3 a todos. Regres\u00f3 a su ciudad natal, al mismo barrio humilde de calles sin pavimentar donde hab\u00eda crecido. Compr\u00f3 un viejo edificio y lo transform\u00f3 en una escuela de m\u00fasica gratuita para los ni\u00f1os de familias trabajadoras, para los hijos de las limpiadoras, de los panaderos, de aquellos a quienes la sociedad siempre les dec\u00eda \u201cno toques eso, pobre\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la inauguraci\u00f3n, no invit\u00f3 a cr\u00edticos, ni a pol\u00edticos, ni a la alta sociedad. Las sillas de pl\u00e1stico estaban ocupadas por ni\u00f1os de ropas remendadas, con los ojos bien abiertos por la ilusi\u00f3n. Samuel se sent\u00f3 frente a un piano sencillo, colocado en el centro de la sala. Mir\u00f3 a su madre, que lo observaba desde la primera fila con el coraz\u00f3n desbordado de paz y orgullo infinito. Entonces, el joven prodigio hizo lo que mejor sab\u00eda hacer. Cerr\u00f3 los ojos, sonri\u00f3 con ternura y dej\u00f3 que la m\u00fasica hablara, demostr\u00e1ndole al mundo entero que el verdadero arte no pertenece a los teatros de oro ni a los hombres de trajes caros. El verdadero arte, la verdadera genialidad, pertenece a quienes tocan con el alma. Y a veces, para ver el mundo con verdadera claridad, solo hace falta cerrar los ojos y atreverse a tocar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>El gran teatro de la ciudad respiraba un lujo abrumador aquella noche. 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