{"id":10123,"date":"2026-01-20T02:10:32","date_gmt":"2026-01-20T02:10:32","guid":{"rendered":"https:\/\/news5.chainityai.com\/?p=10123"},"modified":"2026-01-20T02:10:33","modified_gmt":"2026-01-20T02:10:33","slug":"el-mundo-habia-perdido-sus-colores-para-el-hacia-mucho-tiempo-todo-se-habia-reducido-a-una-escala-de-grises-sucios-una-mezcla-borrosa-de-polvo-asfalto-y-la-oscuridad-que-se-cernia-sobre-sus-ojos-ca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/news5.chainityai.com\/?p=10123","title":{"rendered":"El mundo hab\u00eda perdido sus colores para \u00e9l hac\u00eda mucho tiempo. Todo se hab\u00eda reducido a una escala de grises sucios: una mezcla borrosa de polvo, asfalto y la oscuridad que se cern\u00eda sobre sus ojos cansados. Ya no recordaba su nombre, si es que alguna vez lo tuvo. No recordaba la calidez de una caricia, ni el sonido de una voz amable. Su memoria era un vasto desierto habitado solo por el dolor. Un dolor agudo y constante que lat\u00eda bajo su piel p\u00e9trea, una armadura dura y costrosa que lo atrapaba como una antigua maldici\u00f3n. La sarna no solo le hab\u00eda robado su pelaje, esa suave protecci\u00f3n que otros perros usaban con orgullo, sino que le hab\u00eda robado su identidad, convirti\u00e9ndolo en un espectro, algo que la gente evitaba mirar para no tener que enfrentarse a la crueldad de la indiferencia."},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/phi.nexusalipc.com\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/link_video-302.png\" alt=\"\" title=\"\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El mundo hab\u00eda perdido sus colores para \u00e9l hac\u00eda mucho tiempo. Todo se hab\u00eda desvanecido en una escala de grises sucios: una mezcla borrosa de polvo, asfalto y la oscuridad que se cern\u00eda sobre sus ojos cansados. Ya no recordaba su nombre, si es que alguna vez lo tuvo. No recordaba la calidez de una caricia suave, ni el sonido de una voz amable. Su memoria era un vasto desierto habitado solo por el dolor. Un dolor agudo y constante que palpitaba bajo su piel, que se hab\u00eda convertido en piedra: una armadura dura y costrosa que lo atrapaba como una antigua maldici\u00f3n. La sarna no solo le hab\u00eda robado el pelaje, esa suave protecci\u00f3n que otros perros usaban con orgullo; le hab\u00eda robado la identidad, convirti\u00e9ndolo en un espectro, algo que la gente evitaba mirar para no tener que enfrentarse a la crueldad de la indiferencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Camin\u00f3 \u2014o mejor dicho, se arrastr\u00f3\u2014 por el borde del camino, un lugar donde la vida transcurr\u00eda velozmente, indiferente a su agon\u00eda. Cada paso era un triunfo de la voluntad sobre la biolog\u00eda. Sus patas, hinchadas y agrietadas, sangraban con cada roce contra la tierra seca. El hambre ya no era un rugido en su est\u00f3mago, sino un vac\u00edo silencioso y vertiginoso que lo consum\u00eda por dentro, devorando sus \u00faltimas reservas de energ\u00eda, sus m\u00fasculos, su esperanza. La sed era peor. Su lengua, seca como papel de lija, buscaba desesperadamente un charco, una gota de roc\u00edo, pero el sol implacable lo evaporaba todo, igual que hab\u00eda evaporado sus ganas de vivir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gente lo vio. Claro que lo vieron. Pero en sus ojos no hab\u00eda compasi\u00f3n, solo repulsi\u00f3n. Vieron un monstruo, una criatura deforme que merec\u00eda ser ahuyentada. Le lanzaron piedras para expulsarlo de sus casas, le gritaron palabras que, aunque no las entendi\u00f3, lo golpearon como latigazos. Hab\u00eda aprendido a hacerse peque\u00f1o, a agachar la cabeza, a aceptar que su existencia era una ofensa al mundo. Se escondi\u00f3 entre los arbustos, entre la basura, intentando mimetizarse con los desechos, porque eso era lo que sent\u00eda que era: un desecho m\u00e1s, olvidado por Dios y por los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las noches eran lo peor. El fr\u00edo se filtraba por las grietas de su piel enferma, helando sus huesos. Temblaba en la oscuridad, so\u00f1ando con un calor que nunca llegaba. A veces, en su delirio febril, cre\u00eda oler la leche de su madre, un recuerdo at\u00e1vico de cuando era cachorro, antes de que el mundo se volviera hostil. Pero al despertar, solo quedaba la cruda realidad del suelo y la soledad. Una soledad tan profunda que dol\u00eda m\u00e1s que las heridas abiertas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\nhttps:\/\/e8a8b357133284f1e70a558bb053f6ae.safeframe.googlesyndication.com\/safeframe\/1-0-45\/html\/container.html\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa ma\u00f1ana, algo cambi\u00f3. O quiz\u00e1s fue \u00e9l quien decidi\u00f3 que ya no pod\u00eda m\u00e1s. Sus patas traseras cedieron. Intent\u00f3 ponerse de pie, impulsado por el miedo a ser atropellado o atacado, pero su cuerpo simplemente dijo &#8220;basta&#8221;. Se desplom\u00f3 al borde del camino, sobre la hierba seca y polvorienta. Respirar se hab\u00eda convertido en una tarea tit\u00e1nica. Su coraz\u00f3n lat\u00eda lentamente, cansado, como un reloj viejo a punto de detenerse. Cerr\u00f3 los ojos \u2014esos ojos que apenas pod\u00edan abrirse por la infecci\u00f3n y la hinchaz\u00f3n\u2014 y esper\u00f3 el final. No sent\u00eda miedo, solo una extra\u00f1a resignaci\u00f3n, una paz anticipada. Por fin, el dolor terminar\u00eda. Por fin, dejar\u00eda de sentir esa picaz\u00f3n insoportable que lo quemaba vivo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El sonido de un motor se acercaba. No se movi\u00f3. Lo que tuviera que pasar, pasar\u00eda. El sonido se detuvo cerca de \u00e9l. La puerta de un coche se cerr\u00f3 de golpe. Pasos. Pasos acerc\u00e1ndose. Su instinto le gritaba que huyera, que se levantara y corriera hacia el bosque, pero sus m\u00fasculos estaban desconectados de su mente. Se tens\u00f3, esperando el golpe, la patada, el grito. Una sombra cay\u00f3 sobre \u00e9l, bloqueando el sol abrasador.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014Tranquilo, peque\u00f1o, ya estoy aqu\u00ed \u2014susurr\u00f3 una voz. No era un grito. Era suave, resonante, llena de una emoci\u00f3n que \u00e9l no reconoc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Abri\u00f3 un ojo con gran esfuerzo. Una figura humana estaba arrodillada a su lado. No ten\u00eda piedras en las manos ni palos. Solo manos abiertas, extendidas, temblando no de miedo sino de compasi\u00f3n. El humano no retrocedi\u00f3 ante el hedor a descomposici\u00f3n, no hizo muecas al ver su piel p\u00e9trea. Simplemente permaneci\u00f3 all\u00ed, hablando en voz baja, prometiendo cosas que no entend\u00eda pero que sonaban a salvaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El hombre sac\u00f3 algo de su bolsillo. Comida. El olor golpe\u00f3 su nariz con violenta intensidad, despertando una \u00faltima chispa de vida en su interior. Intent\u00f3 levantar la cabeza, pero pesaba una tonelada. La mano del hombre se movi\u00f3 lentamente, con infinito respeto, llev\u00e1ndose la comida a la boca. Comi\u00f3. Trag\u00f3 sin masticar, sintiendo la comida deslizarse por su garganta dolorida. Y entonces lo sinti\u00f3: el tacto. La mano del hombre se pos\u00f3 sobre su cabeza, sobre la corteza dura y sucia. No doli\u00f3. Fue un toque de absoluta dulzura. En ese instante, bajo el sol del mediod\u00eda, mientras la vida y la muerte luchaban por su cuerpo, algo se rompi\u00f3 dentro de \u00e9l. No era un hueso; era el muro que hab\u00eda construido alrededor de su coraz\u00f3n. Dej\u00f3 escapar un largo gemido, un sonido que conten\u00eda todo el dolor de su vida, y se rindi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-embed\"><div class=\"wp-block-embed__wrapper\">\nhttps:\/\/e8a8b357133284f1e70a558bb053f6ae.safeframe.googlesyndication.com\/safeframe\/1-0-45\/html\/container.html\n<\/div><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que no sab\u00eda en ese momento, mientras lo levantaban cuidadosamente del suelo, era que este no era el final de su historia, sino el comienzo de una batalla \u00e9pica. No sab\u00eda que el viaje que estaba a punto de emprender lo llevar\u00eda a trav\u00e9s del infierno de la sanaci\u00f3n para alcanzar un para\u00edso que ni siquiera pod\u00eda imaginar. Su cuerpo estaba destrozado, s\u00ed, pero en los ojos del extra\u00f1o que lo cargaba, hab\u00eda una determinaci\u00f3n f\u00e9rrea: la muerte tendr\u00eda que esperar, porque ese d\u00eda, el amor hab\u00eda llegado para declarar la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El viaje en coche fue una mezcla de terror y fascinaci\u00f3n. Todo era nuevo: la vibraci\u00f3n del motor bajo el asiento, el aire acondicionado acariciando su piel febril, el olor a limpio que contrastaba violentamente con su propio hedor. Estaba envuelto en una manta suave, algo que nunca antes hab\u00eda sentido. A pesar del miedo, el agotamiento lo venci\u00f3 y se sumi\u00f3 en un sue\u00f1o profundo, mecido por el movimiento del veh\u00edculo. Cada sacudida le recordaba su dolor, pero la presencia constante de la voz humana lo anclaba a esta nueva realidad. No lo estaban abandonando en otro lugar. Lo estaban llevando a alg\u00fan lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Llegaron a un edificio lleno de luces blancas y olores penetrantes: alcohol, desinfectante, medicinas. La cl\u00ednica veterinaria. Para un perro callejero, este lugar podr\u00eda parecer una c\u00e1mara de tortura, pero para \u00e9l, se convertir\u00eda en un santuario. Lo colocaron sobre una fr\u00eda mesa de metal. Varias personas lo rodearon. Se prepar\u00f3 para lo peor, acurruc\u00e1ndose en un ovillo de dolor. Pero, una vez m\u00e1s, solo hab\u00eda manos suaves. Manos enguantadas que exploraban su cuerpo con cuidado quir\u00fargico, evaluando el da\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Oy\u00f3 a los m\u00e9dicos susurrar, con tonos graves y preocupados. \u00abPiel y huesos\u2026 deshidrataci\u00f3n severa\u2026 sarna sarc\u00f3ptica avanzada\u2026 anemia\u2026\u00bb. Palabras t\u00e9cnicas flotaban en el aire, pronunciando la severidad de su sentencia. Sus ojos, apenas rendijas bajo la piel inflamada, segu\u00edan sus movimientos. Le perforaron agujas. Le limpiaron zonas que ard\u00edan como fuego. Pero a trav\u00e9s del dolor, sinti\u00f3 una intenci\u00f3n diferente. No quer\u00edan hacerle da\u00f1o; quer\u00edan aliviar el dolor. Le pusieron una v\u00eda intravenosa y sinti\u00f3 el fluido fr\u00edo entrar en sus venas: una corriente de vida que comenzaba a hidratar sus \u00f3rganos colapsados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La primera noche fue crucial. Lo colocaron en una perrera acolchada con mantas t\u00e9rmicas. Le pusieron delante un plato de comida h\u00fameda, un fest\u00edn que devor\u00f3 con la desesperaci\u00f3n de quien no ha comido en semanas, aunque su est\u00f3mago protest\u00f3 poco despu\u00e9s. Yaci\u00f3 all\u00ed, en la penumbra, escuchando la respiraci\u00f3n de otros animales. Por primera vez en a\u00f1os, estaba a salvo. No hab\u00eda depredadores, ni fr\u00edo, ni lluvia. Cerr\u00f3 los ojos y durmi\u00f3: un sue\u00f1o profundo sin pesadillas, el sue\u00f1o de los salvados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero la sanaci\u00f3n es un camino lleno de espinas. Los d\u00edas siguientes fueron un tormento necesario. Los ba\u00f1os medicinales fueron los m\u00e1s duros. El agua tibia y los champ\u00fas especiales le quemaban la piel en carne viva. Tuvo que soportarlo, temblando, mientras sus manos enguantadas frotaban y frotaban, eliminando la suciedad incrustada, las costras muertas, los par\u00e1sitos que se hab\u00edan alimentado de \u00e9l. Quiso huir, morder, pero no lo hizo. Hab\u00eda algo en los ojos de sus cuidadores: una promesa silenciosa de que todo este sufrimiento ten\u00eda un prop\u00f3sito. Los dej\u00f3 trabajar, convirti\u00e9ndose en una estatua de paciencia, un m\u00e1rtir silencioso de su propia recuperaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubo momentos en los que parec\u00eda que se rendir\u00eda. D\u00edas en los que la fiebre regresaba, en los que no quer\u00eda comer, en los que simplemente miraba la pared con los ojos vac\u00edos. En esos momentos oscuros, aparec\u00edan los \u00e1ngeles humanos. Se sentaban dentro de su perrera, en el suelo, sin preocuparse por la suciedad ni el riesgo de infecci\u00f3n. Hablaban con \u00e9l. Le contaban historias con voces mel\u00f3dicas, le cantaban canciones de cuna. Le ofrec\u00edan trozos de pollo hervido en la mano, esperando pacientemente a que decidiera comer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00abVamos, valiente, t\u00fa puedes\u00bb, le dijeron. \u00abNo has llegado hasta aqu\u00ed para rendirte ahora\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y escuch\u00f3. Y de alguna manera, de forma primitiva, comprendi\u00f3 que no estaba solo. Que su vida importaba. Que \u00e9l importaba. Esa comprensi\u00f3n fue la medicina m\u00e1s poderosa de todas. Empez\u00f3 a luchar no solo por sobrevivir, sino por complacer a aquellos seres que tanto le hab\u00edan dado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Semanas despu\u00e9s, el milagro empez\u00f3 a notarse. La piel gris, endurecida y p\u00e9trea empez\u00f3 a desprenderse, revelando una tierna piel rosada debajo. La picaz\u00f3n infernal empez\u00f3 a remitir. Ya no pasaba cada hora del d\u00eda rasc\u00e1ndose hasta sangrar. Pod\u00eda descansar. Y con el descanso lleg\u00f3 la energ\u00eda. Sus ojos, antes hundidos y apagados, empezaron a brillar: de un \u00e1mbar profundo, inteligentes, curiosos. Empez\u00f3 a seguir a las enfermeras con la mirada, levantando las orejas al o\u00edr su nombre. S\u00ed, le hab\u00edan puesto un nombre. Ya no era \u00abel perro\u00bb ni \u00abel monstruo\u00bb. Ten\u00eda un nombre que sonaba a fuerza, a dignidad. Cada vez que lo pronunciaban, sent\u00eda que un trocito de su alma regresaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un d\u00eda, mientras lo llevaban al peque\u00f1o patio de la cl\u00ednica para que tomara el sol, sucedi\u00f3. Vio una pelota rodar por el suelo. Algo hizo clic en su cerebro: un recuerdo robado de la infancia, un instinto latente. Sin pensarlo, corri\u00f3 tras ella. A\u00fan le temblaban las piernas; tropez\u00f3, pero se levant\u00f3 y atrap\u00f3 la pelota. La mordi\u00f3, sintiendo la textura de la goma, y \u200b\u200bmene\u00f3 la cola. Al principio fue t\u00edmido, un balanceo suave, pero pronto se convirti\u00f3 en un fren\u00e9tico latigazo de alegr\u00eda. Mir\u00f3 a su cuidadora, con la pelota en la boca, y vio que estaba llorando, llorando y riendo al mismo tiempo. Solt\u00f3 la pelota y corri\u00f3 hacia ella, lamiendo sus l\u00e1grimas. En ese momento, supo que hab\u00eda ganado. La enfermedad hab\u00eda desaparecido. El monstruo hab\u00eda muerto, y en su lugar, un perro hab\u00eda renacido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La transformaci\u00f3n f\u00edsica fue asombrosa. Donde antes hab\u00eda costras, empez\u00f3 a crecer un pelaje suave, denso y brillante. Su cuerpo esquel\u00e9tico se llen\u00f3 de m\u00fasculos. Su postura cambi\u00f3; ya no caminaba encorvado, esperando un golpe. Caminaba con la cabeza en alto, olfateando el aire, reclamando su lugar en el mundo. Pero el mayor cambio estaba en su interior. El miedo se convirti\u00f3 en confianza. La desconfianza en lealtad. Aprendi\u00f3 a dar la pata, a sentarse, a pedir cari\u00f1o. Descubri\u00f3 que le encantaba que le rascaran las orejas y que dormir en una cama mullida era el mayor placer de la vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El d\u00eda que le dieron de alta, la cl\u00ednica fue una celebraci\u00f3n. Todos los que hab\u00edan participado en su rescate estaban all\u00ed para despedirlo. Hubo globos, golosinas, abrazos. Pero tambi\u00e9n hab\u00eda un toque de nostalgia. Se iba. Su perrera estar\u00eda vac\u00eda. Sin embargo, no se iba a ning\u00fan sitio: volv\u00eda a casa. Una familia hab\u00eda visto su historia en redes sociales, seguido su recuperaci\u00f3n paso a paso y se hab\u00eda enamorado de su esp\u00edritu inquebrantable. No quer\u00edan un cachorro de raza pura perfecto; quer\u00edan a ese guerrero, a ese superviviente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El encuentro con su nueva familia fue el momento culminante de su odisea. Al entrar en la habitaci\u00f3n, los oli\u00f3: nervios, emoci\u00f3n y, sobre todo, amor. Se arrodillaron a su altura. El padre, la madre, un ni\u00f1o peque\u00f1o. Se acerc\u00f3 lentamente, recordando aquel primer d\u00eda en la carretera, pero esta vez sin miedo. Apoy\u00f3 la cabeza en el pecho del ni\u00f1o. El ni\u00f1o lo abraz\u00f3, hundiendo los dedos en su nuevo y suave pelaje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cBienvenido a casa\u201d, susurr\u00f3 el ni\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y suspir\u00f3, un suspiro largo y profundo que liber\u00f3 los \u00faltimos vestigios de su traum\u00e1tico pasado. Subi\u00f3 al coche de su nueva familia, mirando por la ventana. Vio pasar las calles, los mismos lugares donde una vez hab\u00eda sido un fantasma invisible, pero ahora todo parec\u00eda diferente. El mundo volv\u00eda a tener color. El cielo era de un azul brillante, los \u00e1rboles de un verde intenso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, mientras duerme en su cama ortop\u00e9dica, rodeado de juguetes que solo le pertenecen, a veces sue\u00f1a. Pero ya no sue\u00f1a con fr\u00edo ni hambre. Sue\u00f1a que corre por campos verdes, persiguiendo mariposas, con el viento en la cara. Y cuando despierta, sobresaltado por un ruido, no est\u00e1 solo en la oscuridad. Siente una mano que lo acaricia, oye una voz que le dice: \u00abTranquilo, est\u00e1s a salvo\u00bb. Y sabe que es verdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su historia no es solo la de un perro curado de la sarna. Es un testimonio de lo que se puede lograr cuando la compasi\u00f3n humana se une a la resiliencia animal. Es la prueba viviente de que no hay causas perdidas, de que por profundo que sea el abismo, siempre hay una salida si hay una mano dispuesta a ayudar. \u00c9l, que una vez fue una piedra viva junto al camino, es ahora un coraz\u00f3n que late con fuerza, un ser lleno de amor para dar, recordando a todos los que conocen su historia que la belleza m\u00e1s pura a veces se esconde bajo las cicatrices m\u00e1s profundas, y que salvar una vida puede que no cambie el mundo, pero sin duda cambia el mundo para esa vida. Y para \u00e9l, su mundo cambi\u00f3 para siempre, de una pesadilla interminable al sue\u00f1o m\u00e1s dulce de todos: el sue\u00f1o de ser amado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>El mundo hab\u00eda perdido sus colores para \u00e9l hac\u00eda mucho tiempo. Todo se hab\u00eda desvanecido en una escala de grises sucios: una mezcla borrosa de <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/news5.chainityai.com\/?p=10123\" title=\"El mundo hab\u00eda perdido sus colores para \u00e9l hac\u00eda mucho tiempo. Todo se hab\u00eda reducido a una escala de grises sucios: una mezcla borrosa de polvo, asfalto y la oscuridad que se cern\u00eda sobre sus ojos cansados. Ya no recordaba su nombre, si es que alguna vez lo tuvo. No recordaba la calidez de una caricia, ni el sonido de una voz amable. Su memoria era un vasto desierto habitado solo por el dolor. Un dolor agudo y constante que lat\u00eda bajo su piel p\u00e9trea, una armadura dura y costrosa que lo atrapaba como una antigua maldici\u00f3n. La sarna no solo le hab\u00eda robado su pelaje, esa suave protecci\u00f3n que otros perros usaban con orgullo, sino que le hab\u00eda robado su identidad, convirti\u00e9ndolo en un espectro, algo que la gente evitaba mirar para no tener que enfrentarse a la crueldad de la indiferencia.\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":4,"featured_media":10121,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-10123","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-uncategorised"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10123","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=10123"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10123\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10124,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/10123\/revisions\/10124"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/10121"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=10123"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=10123"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/news5.chainityai.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=10123"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}